De las modificaciones hacia... ¿la paz o No?
Comenzaré por el
principio y trataré de llamar a cada cosa por su nombre, y si se firmará
un acuerdo, quiere decir que es un
acuerdo de voluntades, de intereses, que nos une el bien común, cuya base debe
ser el principio de la buena fe. Este acuerdo que debería unirnos, integrarnos,
por el contrario, nos ha dividido no solo en nuestras relaciones sociales sino
conceptuales. Por eso, es necesario, a mi modo de ver, que el escenario
propicio y objetivo es la Academia, pero de igual manera, los eruditos y los
académicos no se han podido poner de acuerdo. Sin embargo, esta falta de
claridad no es irremediable; por eso, los medios de comunicación como la
Academia deben cumplir un papel iluminador para la comprensión del proceso de
diálogo. La Universidad, por su naturaleza, debe asumir esta tarea.
Por otra parte, los
investigadores deben recoger la mayor cantidad de datos que permitan
interpretar los fenómenos asociados al conflicto como sus modos de vida, sus
relaciones sociales, sus economías y por qué la violencia los acompaña. Parece
ser que las rencillas, los prejuicios y los intereses políticos son el común
denominador en este proceso de paz.
Este acuerdo de paz
ha sido renovado, precisado y aclarado, se han modificado e incorporado algunos
cambios importantes que requerían los voceros del NO, como por ejemplo, que no habrá jueces extranjeros en la JEP
(Jurisdicción Especial para la Paz) como se refería en el anterior acuerdo. Se
definió con mayor claridad qué será “la restricción efectiva de la libertad” (pena
alternativa a la de prisión quienes cuenten la verdad de sus crímenes).
También obliga a
todos los que se presentan a la JEP a entregar toda información exhaustiva y
detallada relacionada con el narcotráfico.
Además, aclara el
concepto malintencionado de los voceros del NO, el cual hacía referencia a la ideología de género en donde se
enfatiza en los derechos políticos, sociales, económicos e incluyentes de la
mujer. Asimismo, que las mujeres que han
sufrido, especialmente este terrible conflicto, sean tratadas con prioridad y
que sus derechos como víctimas estén protegidos. Es decir, a mi entender, este
nuevo acuerdo busca tomar medidas necesarias para establecer, en igualdad de
condiciones, los derechos de aquellas personas que fueron víctimas por sus
creencias políticas, religiosas e ideológicas.
Lo que se me hace
preocupante e indignante es la postura de la doble moral de algunos líderes del
NO que no dieron testimonio ni
autoridad moral en su momento, para hoy estar criticando cualquier idea y
acción que vayan encaminadas a acabar por completo cincuenta años de conflicto.
Expresamente hago referencia al líder conservador Andrés Pastrana Arango quién
dejó en burla pública al pueblo colombiano con el hecho bochornoso de “la silla
vacía” y la zona de distensión del Caguán, donde sabemos que estas fuerzas se
consolidaron y aumentaron su poder en el narcotráfico. Realmente es vergonzosa
su postura.
No menos importante es la falta de autonomía y de independencia ideológica del partido Centro Democrático que siempre habla en plural pero realmente se sabe que es la voluntad de Álvaro Uribe Vélez la que prima y decide. Es terrible pensar que 47 millones de colombianos estemos supeditados a los deseos intransigentes y rencorosos de este señor, so pretexto que es la voluntad del pueblo.
Es realmente
insólito que estemos en manos de este ex presidente, que es el más investigado
en toda la historia de la democracia del pueblo colombiano con más de 180 procesos
políticos, que habla de defender la Constitución y la democracia cuando él ha
tenido enfrentamientos con la Corte Suprema de Justicia al no acatar sus
decisiones; y, por el contrario, interpuso demanda por supuesta difamación y
calumnia contra el presidente de la Corte. Cuando este magistrado aseguraba que
Uribe lo había llamado para indagar sobre el caso de su primo que estaba en
proceso por parapolítica. Paradójicamente, en una de sus últimas declaraciones,
habla del mal ejemplo que ha dado el presidente Santos en lo referente al
plebiscito.
En este orden de
ideas, quisiera resaltar algunos acontecimientos que nos permiten visualizar el
perfil de este personaje, sin desviarnos del tema que nos une. Uribe parece ser
un niño problema cuando en sus declaraciones del 2008 nuevamente hace un
espacio de confrontación entre dos poderes: entre el Ejecutivo y el Ministerio
del Interior y de Justicia cuando cuestiona la detención de 56 congresistas.
Además, menciona la posibilidad de crear un nuevo tribunal con facultad de
juzgar al presidente, congresistas y magistrados, hecho que trajo como consecuencia
la reacción de todas las Altas Cortes rechazando esta iniciativa.
En agosto del 2008,
es el protagonista de nuevos escándalos, por ejemplo, cuando extradita a
paramilitares, el caso de los “falsos positivos”, “más de seis millares de
personas fueron coartadas de su libertad y vulnerados sus derechos humanos”, el
caso de las chuzadas, el caso de la parapolítica y la “Yidispolítica” para su
reelección, entre otros.
En las próximas
horas, este colombiano liderará estrategias para oponerse a la implementación
del nuevo acuerdo de paz y a la deslegitimación del Congreso de la República,
pues este será el encargado de su aprobación. El nuevo acuerdo se firmará en el
Teatro Colón de Bogotá el 24 de noviembre
de 2016.
Es difícil olvidar
o pasar por alto, el tema de la impunidad que es uno de los aspectos o
argumentos del NO. Es difícil porque ha sido casi el pan nuestro de cada día
cuando matanzas, genocidios provocados por otros grupos al margen de la ley
quedaron impunes, sin responsables, cuando políticos corruptos les dan casa por
cárcel, cuando empresarios desfalcan el erario público, cuando dineros del
narcotráfico contribuyeron en las campañas electorales de ex presidentes,
cuando honorables funcionarios públicos evaden sus responsabilidades so
pretexto de persecución política y principalmente, cuando millares de
colombianos sienten que sus derechos fundamentales como educación, vivienda y
salud son violados y que tutelas no son acatadas por instituciones públicas. A
todo esto, es a lo que llamamos impunidad.
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